Hoy quiero que hablemos de esa parte de aprender inglés, que no tiene que ver con la gramática, ni con los listening, sino con el modo en el que aprendes. La dinámica en la que vives durante las horas que le dedicas a aprender inglés. Más concretamente quiero hablar sobre cómo puedes ser un buen alumno de inglés.

Hay dos partes que participan en el aprendizaje: el profesor y el alumno. El profesor debe poseer ciertas cualidades para ser un buen profesional. Estas dos cosas son obvias. La parte menos obvia es ¿Dónde termina la responsabilidad del profesor y empieza la del alumno? 

Aquí he intentado guardarme bien lejos el ego de profesor y reflexionar con la mayor claridad posible sobre la pregunta del párrafo anterior. Desde la distancia y la más pura practicidad.

Un buen alumno…

 

1| Sabe que es cuestión de horas, no talento.

¿Sabías que todos los alumnos, tarde o temprano, cuestionan su propia inteligencia? Porque parece que hay gente que simplemente ha nacido con facilidad para los idiomas. ¿Verdad?

Mentira.

Sería fútil negar que hay personas con ciertas ventajas sobre la media. Aunque aun así no existe tal cosa como “inteligencia para idiomas”. Porque entran en juego muchísimas variables, y uno puede tener talento para una de ellas (memoria visual, procesos lógicos, oído, etc.), pero no para todo. Y según mi experiencia en estos últimos siete años, aun estoy por encontrar a ese genio que sin esfuerzo simplemente absorba como una esponja la información. La disciplina, la fuerza de voluntad, motivación… eso ya es otra cosa. Cuando un alumno domina esas partes, aprende rápido. Y desde fuera parece que tiene talento natural. Excepto que ese talento son las horas que esa persona vierte en aprender y el problema es que eso no es tan visible como el proceso.

“Viene a la academia las mismas horas que yo, pero parece aprender mucho más rápido. ¡Tendrá ese gen para los idiomas!”
Un estudio decidió ver la diferencia entre aquellos pianistas que se convirtieron en profesionales a los 20 años, y otros que se quedaron en la categoría “amateur”. ¿El resultado? Los profesionales habían invertido una media de 10.000 horas de práctica, mientras que el grupo amateur tan sólo 2.000.

El talento ayuda un poco con el comienzo, pero el trabajo es el que decide el resultado.

 

2| Sabe que entre el profesor y el alumno, el resultado es un 50/50.

Al igual que cualquier otra actividad social, aprender inglés es cosa de equipo. Es insultantemente obvio cuando lo dices, y aun así las consecuencias de esta idea son difíciles de ver.

El profesor y el alumno, ambos comparten las responsabilidades y el disfrute del resultado. Para bien y para mal, el momento en el que entran en ese juego social de compartir el camino, firman un contrato. Sean conscientes o no.

En otro momento quiero dedicar tiempo a presentaros mis ideas sobre lo que hace que un profesor sea bueno. Pero hoy quiero centrarme en la parte del alumno, en aquello que esta inmediatamente al alcance de tu mano para hacer un poco más liviano tu viaje.

De este punto sólo quiero que te lleves esta simple idea: mejorar en estos aspectos puede afectar hasta un 50% de la calidad de tu estudio, lo cual no es poco.

En un mundo ideal estas cualidades se inculcarían desde niños con la ayuda de padres y maestros, pero aquí en España hemos decidido recientemente que la filosofía y la espiritualidad nos sobran en las aulas.

Si estas leyendo esto, son altas las probabilidades de que ya no seas un niño, ni estés en primaria. Y que al ser adulto, hayas adquirido ideas, experiencias y la visión del mundo ya no sea tan fácil de cambiar. Es una diferencia esencial entre un alumno adolescente/pre-adolescente y un adulto. La rigidez de ideas. Pero hace ya años que dejamos de esconder los libro de auto-mejora debajo del PlayBoy, hoy día ya estamos concienciados con la idea de moldear nuestro carácter, lo cual me facilita el trabajo.

 

3|  Cultiva su iniciativa.

En ocasiones me encuentro con el alumno tipo “muñeca hinchable”. Se le distingue por el característico comportamiento donde el individuo entra por la puerta, te saluda, pregunta sobre tu semana y tras el “Hello” que oficia el comienzo de la clase, entra en un trance dejando muy claro que “haz conmigo lo que quieras, yo lo mío ya lo he cumplido”.

De hecho, años atrás esa era la dinámica en todas las aulas, fuera de mayores o pequeños. Calla y escucha. Haz deberes. Calla y escucha. Repite el proceso.

Antes de proseguir, dejemos claro que con “iniciativa” me refiero a la predisposición de siempre ir más lejos de lo que te pidan. Vigilar durante la clase que realmente hayas entendido lo explicado, buscar oportunidades para probar y jugar con lo aprendido, mantener la concentración, hacer preguntas, muchas preguntas, buscar información y actividades por tu cuenta después de la clase. Participar activamente en tu propia enseñanza.

No es imposible aprender asistiendo a clases sin más. Pero te llevará años y años. Y eso supone más tiempo y dinero invertido. Fíjate que pongo el tiempo antes del dinero, y eso no es accidental.

4| Busca su propia motivación.

La motivación es la nueva religión del siglo XXI. Los copia/pega de WhatsApp, la verborrea del Facebook, frases monas en Twitter. Así que se da por sentado que si no estás altamente motivado para venir a clase, es que tienes que encontrar ese algo que te falta, que el profesor esta allí para que la clase sea la fiesta Hawaiana.

No voy a profundizar en este post sobre la naturaleza de la motivación. Pero te daré la conclusión de ese futuro post:

Es un error buscar o esperar esos picos de motivación. Porque después de cada pico alto, hay una caída en picado, efecto similar al efecto de las bebidas energéticas. Cuando recibes un chute de energía al tomarla, a las dos-tres horas llega el inevitable bajón. Y cada bajón es un momento de riesgo, porque la fuerza de voluntad esta bajo mínimos y cualquier actividad que la requiera se vuelve indeseable, abrumadora y estresante. Hablando en plata, le coges manía.

Tienes que buscar un estado más equilibrado, mediante la paciencia, la disciplina y buscar el placer en las pequeñas cosas. Sabiendo que todo lleva su tiempo, que es parte del plan y tienes que aceptarlo desde el principio. Así evitarás la ansiedad y los altibajos. Si le pones las horas de trabajo, si durante esas horas estás en la tarea y no soñando con unicornios o mirando Facebook, lo estas haciendo de la leche. Date una palmadita en la espalda. Ole tú. Y ahora a seguir trabajando.

5| Sabe que para hacer hueco al estudio, tendrá que sacrificar otras cosas. Y no lo resiente.

En el primer borrador este apartado se llamaba “Sabe organizarse”. He decidido cambiarlo porque no es la organización en si lo que suele crear el conflicto aquí.

Es la negación rotunda de eliminar otra actividad para introducir el tiempo de estudio. Es difícil con las clases, pero el que sea una actividad social lo hace más sencillo. El trabajo en casa es otra cosa. Aquí la resistencia es superior. Porque nadie te esta viendo cuando decides posponer (a menudo, hasta el infinito) esa hora de trabajo. Y es fácil de justificar ante el profesor:

“He tenido una semana muy liada. ¡Si es que con tantas cosas no he conseguido encontrar tiempo para hacer los deberes!”

A menudo es cierto, otras veces no tanto. Aunque es lo que menos me importa, la verdad.

Soy un pragmático y me gusta resolver problemas. Es mi trabajo. Y por eso nunca me permito perder el tiempo comentando quién hizo qué y cómo debería haberlo hecho. Lo que quiero es saber tan sólo dos cosas: qué es lo que esta haciendo de “cuello de botella” y cómo puedo eliminarlo. Todo aquello que no responda a estas incógnitas es inútil.

La cuestión es que:
Primero, si has decidido aprender inglés, eso es que lo necesitas. Siempre ten presente el “porqué”.
Segundo, te interesa aprenderlo de una vez y olvidarte del tema, no alargarlo infinitamente en el tiempo.
Tercero, debes saber la jerarquía de tus prioridades. ¿Qué es más importante: tu trabajo, tu tiempo con tu pareja/amigos, la cerveza del miércoles por la tarde o el inglés?
Cuarto, según la jerarquía de tus prioridades (escrita claramente sobre un papel), ¿qué puesto ocupa el inglés?
Y por último, planifica la semana de modo que todo aquello que no esté por encima del inglés nunca quite tiempo al estudio: ni en casa ni en clase.

Es un simple examen de conciencia, con el cual sabrás a qué cosas tienes que decir que “no” y ponerte con inglés o cuando sea necesario de verdad, posponer esa sesión de estudio porque tu trabajo así lo requiera.

En todo momento está en tus manos el hacer que aprendas el idiomas más rápido, más fácilmente. Nada de esto está en manos de tu profesor, por lo que sólo tú puedes cambiarlo.

 

6| También estudia cómo aprender mejor.

En la ciencia cognitiva se le llama metacognición. Es decir, pensar sobre pensar, estudiar a estudiar. Es nuestra habilidad de autoregular el propio aprendizaje. Ser consciente de las estrategias y métodos que puedes aplicar en cada tarea, aplicarlas con efectividad, evaluar los posibles fallos y buscar maneras de eliminarlos.

De hecho, estoy cada vez más y más convencido de que enseñar a aprender entra en las obligaciones de los profesores con altísima prioridad, conforme la información se vuelve más y más accesible en la web.

Históricamente el pedagogo (para bien y para mal), poseía el monopolio de la información. Por eso gran parte de la clase se centraba en el momento “powerpoint” (antaño conocido como pizarra). Es decir, una simple presentación de datos a la clase y su ingesta por parte de los alumnos. Si resultaba que el alumno se perdía parte de la información presentada o tenía interés en profundizar en la materia, tenía dos opciones: dar palos de ciego en la biblioteca (algo muy desmotivador) o acosar a dicho profesor y depender de su involucración con la enseñanza y/o disponibilidad en términos de tiempo.

Hoy esto ya no existe. Existe Google.

Y Google hizo evidente una cosa: que no todos los alumnos estaban interesados en cargar con la responsabilidad de su formación, y que aquellos que sí estaban interesados no siempre poseían habilidades necesarias para asimilar y procesar esa información.

De ese modo el factor limitador de la ecuación dejó de ser la información en sí y ahora es la capacidad de procesar esa información. Y lo que es más, apareció demasiada información. Tanta, que uno se pierde entre tantos blogs, métodos, opiniones y comentarios.

De ese modo hoy en día necesitas saber filtrar y organizar la materia, como puntos críticos. Y a estos dos les seguirían todas las demás técnicas de estudio.

Lo curioso es que nada de lo mencionado anteriormente es aplicable solamente al inglés. Ya sea el gimnasio, la universidad, un máster o hacer la O con un canuto (todo lo que requiere empollar), mejora con esos puntos arriba expuestos. Esa es la magia para mí de dedicarme a la enseñanza. Que el inglés es tan sólo una excusa, que sin dejar de ser una habilidad extremadamente útil, ayuda a pulir la personalidad desde tantos ángulos.
P.D. Ésta no es una lista exhaustiva. Pero recoge lo más esencial, buscando eficiencia y que uno pueda actuar con facilidad sobre lo escrito. 

El profesor ya tendrá bajo control la parte de enseñar el idioma. Allí tan sólo es cuestión de confiar en él/ella y dejarse llevar. Y donde no alcance el profesor, empieza tu labor.