Estamos en plena época de exámenes (en el momento de publicación), y las buenas y las malas noticias ya no tardarán en llegar si es que la muerte ya no está anunciada. Pero no me apetece mucho hablar solo, por lo que después de leer esto, ¿Qué tal si vas a la sección de los comentarios y me dices lo que piensas de lo escrito?
¡Ay, madre! Han llegado las notas. Por mucho, por poco, o por nada y menos, pero no hay celebración esta tarde. De hecho, iros todos al infierno. El apocalipsis ha llegado, damas y caballeros. Poneos todos las bolsas de papel en la cabeza y tumbaos en el suelo.
* Si has cogido esta referencia, date un palmadita en la espalda ahora mismo*
 
Prácticamente cada año tengo algún que otro alumno que suspende su examen con el que tanto contaba. Y nunca es bonito. Y siempre hay un proceso que toca recorrer.

Fase 1. "Ay madre. ¡Soy idiota y me acabo de enterar!"

El momento cero de la conciencia. Suspendido, estrellado, Kaput, hara-kiri, fin del trayecto. Emocionalmente una experiencia miserable. Pérdida de tiempo. Eres un incompetente y debería de darte vergüenza.
Es el momento en el que llega el fenómeno de miedo-rabia.
No. Tu inteligencia sigue intacta. No, el examinador no te tiene manía y el mundo no se va a terminar.
No pienso empezar con el tostón de la enumeración de todos los grandes personajes de la historia, que han fracasado múltiples veces y en aspectos mucho más graves que un examen. Cada blog que se respete, aunque sea un poco, usa y abusa de este tema. Y Facebook está hasta arriba de estos cartelitos. Los fracasos pasan. Y punto. Y no hay nada malo en eso.
En el momento en que has nacido, decidiste venir a un mundo en el que la mejor de las jugadas te puede hacer perder la partida.
Cambia la visión que tienes de este mundo. En vez de ser un camino recto, o incluso con muchas curvas, bosques y pantanos, imagínatelo como un laberinto en el que la única manera de llegar a algún sitio es rompiendo las paredes a cabezazos. Si le has dado con la frente, pero la pared no cede… sigue dando. O cambia de pared. Pero la cuestión es que en las cosas que importan de verdad en la vida, nunca esperes dar con la salida a la primera. Y éste examen no es ninguna excepción.

Fase 2. Crea distancia entre tú y el problema.

Personalmente, soy muy mal perdedor. Cuando alguien me gana en ajedrez, canicas o “piedra, papel o tijera”, cosa que ocurre con una frecuencia alarmante, más que analizar la partida y ver que ha ido mal y por que no evité ese maldito jaque-mate que veía venir a kilómetros, me apetece matar gatitios. Moraleja: no es la mejor mentalidad para tomar decisiones. 
Solución: si quieres convertir el maltrago en una lección, tendrás que aceptar que primero debes de estar emocionalmente sereno o meterás la pata incluso más. Y que, hasta entonces eres.. a ver como lo digo delicadamente… completamente inútil.
Y a su vez, eso significa que hasta que no consigas el equilibrio, ese va a ser tu trabajo.
Vete a pasear, date una vuelta por el parque, mira una película, sal a correr una hora o pásate por ese gimnasio que llevas pagando desde hace meses y sin pisarlo.
Pero hasta que no estés en condiciones de evaluar la situación fríamente, no vuelvas.

Fase 3. Encuentra qué es lo que ha fallado.

Y aquí es donde se decide si el suspenso va a ser finalmente esa pérdida de tiempo y dignidad que parece ser al principio o un escalón de aprendizaje.
La razón por la que te he mandado a freír espárragos hasta que te calmes desde el principio, es porque tu “opinión” es lo último que necesitas. Lo que quieres es una información sólida, basada en datos: la métrica.
Las directrices del examen que no has seguido, puntos de gramática que no has entendido o estudiado, vocabulario que no has memorizado.
Y tendrás que ser sincero contigo mismo.
“Hasta un reloj roto marca bien la hora dos veces al día.” 
Tú y yo sabemos que habrán preguntas que a pesar de estar bien respondidas, son el producto del azar y no del conocimiento. Se sincero contigo mismo. Incluye éstas en tu lista para eliminar el elemento del azar en tu próximo intento y asegúrate ese punto.
Tú y yo sabemos que habrán preguntas que a pesar de estar bien respondidas, son el producto del azar y no del conocimiento. Sé sincero contigo mismo. Incluye éstas en tu lista para eliminar el elemento del azar en tu próximo intento y asegúrate ese punto.
Y aquí te podrás encontrar en dos situaciones.
  1. Si el examen es de Cambridge u otra institución similar, una revisión te va a costar un considerable extra. Y no apetece verter otro 50% del precio del propio examen en el suspenso (aunque seamos sinceros, tú y yo, ambos sabemos que es el camino más directo). O que el examen sea de la EOI y la revisión de éste sea algo… breve. Demasiado como para poder realmente actuar directamente sobre los fallos. En ese caso, tendrás que hacer una auto-evaluación.
  2. Si has decidido pagar la revisión o el examen era del tipo donde podías verlo corregido, entonces es fácil. Simplemente analiza tachón por tachón. Y una vez más, recuerda ser sincero contigo mismo.

Fase 4. Que no te pese pedir ayuda.

Fase 4. Que no te pese pedir ayuda.

Es fácil que, o bien durante el análisis hayas visto demasiadas cosas, o bien que el análisis en sí ha sido imposible de realizar. Ya sea por razones de agobio, o por ser demasiada información.
Busca a alguien que te pueda ayudar. Aquí te recomiendo que busques ayuda personalizada. Un profesional que te permita eliminar uno a uno todos los errores.
Hoy día los precios por hora de un profesor particular son más asequibles que nunca antes. Especialmente si recurres a uno personalmente en vez de solicitarlas a las academias, donde la cuota puede llegar a triplicar la de un profesor particular.
Claro está, existe la posibilidad de tropezar con un individuo poco profesional, pero para eso existen los sistemas de recomendaciones por partes de los ex-alumnos en páginas como TusClasesParticulares.com. Puedes ver un ejemplo en mi perfil.

¿Y tu examen que tal te fue? Cuéntanos en los comentarios. Cuéntanos cómo has aprobado, como lo has suspendido y cómo has lidiado con las consecuencias.